viernes, 9 de abril de 2010

Primaveras

Los inviernos pasan cada vez más fríos y dejan sin oponer resistencia que el trono sea ocupado por primaveras cada vez menos cálidas. Pero, desafortunadamente, en algunas ocasiones, y afortunadamente en otras, nos queda grabado a fuego su recuerdo como si de un sacramento se tratase. Recordamos el olor, la luz y esa canción que nos hacía vibrar cuando inconscientes queríamos que llegasen los veranos. ¡Si el tiempo pudiese detenerse, si pudiésemos someterlo a los caprichos de la voluntad! Yo, retrocedería. Me aferraría a la piel tersa, a la ausencia de maquillaje, a los vaqueros con camisetas blancas de algodón. Me abrazaría a ti, y a ti, a ti también... a ti no. Deshojaría margaritas, dejaría que me cepillases el pelo mojado y que me adorases como yo te adoraría a ti. Olería la hierba que nunca ha vuelto a oler igual, y me enterraría en la arena que nunca me gustó pisar. Comería los helados que no comí y me pelearía con las reglas a las que no me atreví a golpear. Qué error tan grande querer crecer y hacerlo a destiempo, qué error tan grande querer recuperar la pureza de la que no te cansabas de renegar. Y así...error tras error, tras error...sobreviene el desastre que deglutimos como podemos con el antídoto venenoso del recuerdo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario