martes, 4 de enero de 2011

Danny´s

Tal vez siga abierto. Seguro que la hecatombe económica nacional no ha podido con ese núcleo de resistencia marciana ubicado la pequña calle del quinto satélite más grande del Sistema Solar con número primo. Un tal Ángel vivía a dos pasos y una tal Ángela lo regentaba. Del tal Ángel sólo recuerdo su parecido fraternal con Kevin Costner, los antros que poseía y a los que, por cierto, se empeñaba en que asistiera  y cómo ignoraba a una buena amiga que estaba loquita por sus huesos perfectos de asturiano hollywoodiense. Sobre Ángela corrían todo tipo de rumores... los mismos rumores que se repiten en cada pequeña capital de provincia sobre cualquier madurita de aspecto exageradamente andrógino que se deja ver con jovencitos a los que permite acariciar sus cabellos teñidos del rubio más platino de todos. Apenas recuerdo mi bebida favorita pero se que todo allí olía a whisky amaderado del bueno, del muy malo y del regular. Había dos tipos de cortinas. Las granates y pesadas de terciopelo raído y las del humo de un millar de cigarrillos. La barra estaba adornada con luces de neón azul y flanqueada por seis taburetes al más puro estilo americano adheridos siempre a las carnes colgantes y avejentadas de distintas mujeres que seguían siendo las mismas eternas señoritas cada noche y cada madrugada . De los muros colgaba todo: reliquias de Santa Ella Fitzgerald, San Nat King Cole, y hasta del mismísimo "Rey". Había dos relojes y ninguno con hora española pero ambos tenían algo en común: compartían la extrañeza de dar fe de que las manecillas se movían en un lugar donde no existía el tiempo. Uno de Atlanta y otro de "London". En mi añorado rinconcito oscuro no gastaban mucha luz y eso facilitaba el mejor "cheek to cheek"de todos, el que se cocina a fuego lento con especias de jazz y a tientas. Desaparecieron la diana a la que atizaba con los pocos dardos que conseguía clavarle a las tres y la mesa de billar junto a la que llegué a estremecer bailando a tumbos tangos de Gardel que jamás volveré a bailar hacia las seis. Desaparecieron también los faldones de pitonisa de las mesas y los sofás barrocos con estampados de cebra y leopardo en los que acostumbraba a tumbarme para marcar como buena hembra lo especiales que eramos "yo" y "mi territorio". Tal vez Ángel ya no se parezca a Kevin Costner ni Ángela regente el chiringuito... pero seguro que aún conserva -de seguir existiendo- sus velitas, su mobiliario descarado, exagerado y decadente, su exquisito respeto por la buena música, sus taburetes con señoritas que, por edad, dignidad y decoro deberían ser señoras y su clientela noctámbula, taciturna y perdida. Mañana deseo perderme como acostumbraba pero esta vez en soledad. Mañana deseo perderme en Cole Porter. Mañana me reconciliaré con la joven que un día fui ahora que las heridas se han curado. Mañana espero pasear por la calle de la luna nº11 y poder abrir las puertas a las tantas de la mañana del único núcleo de resistencia marciana de un mundo incivilizado en el que ya no te dejarán ni fumar.

domingo, 12 de diciembre de 2010

"Caperucita Roja" I

Mañana se cumplirá una semana desde que iniciamos el retorno a la realidad. Y vaya si lo hicimos. Lo hicimos sin remedio como en un cursillo intensivo. Desde entonces, cada vez que enciendo el ordenador, me impongo la misión de plasmar las impresiones de las que me empapé cruzando los océanos junto a ti. Sabes que soy vagoneta cuando no se trata de trabajo y que la pereza suele ganarle el pulso a la voluntad con demasiada frecuencia. He de confesar, como casi siempre, que tenías razón ó mejor dicho, tenías "parcialmente" razón. Me entusiasmaron las contradicciones del país y  las de las gentes que lo sufren con una esperanza virgen y envidiable. Nunca podré olvidar cómo un día terminé descalza y sentada sobre una banqueta roja de madera innoble llena de desconchones en un lugar de reparación de zapatos deshauciados que esperaban como los míos algún remiendo redentor. Era medio día y tu permanecías de pie frente a mi con una paciencia impaciente. El sol castigaba testa y espalda a través del jersey granate monacal que llevabas atado sobre los hombros como el niño bueno que eres casi siempre. El sudor hacía que elevases con el dedo corazón la maltrecha montura de las gafas que descendía fastidiona por tu apéndice nasal cada dos por tres. Yo miraba lo que a contraluz podía estudiar de ti, miraba los cadáveres apilados de cuero, polipiel y plástico. Miraba al peletero mientras conversábais animadamente más de lo humano que de lo divino. Todo olía al pan recién hecho que confeccionaban a modo casero en la repostería que estaba cruzando la calle. Me fijé en los parkimetros y pensé que sería fantástico intentar sustraer uno de los dos que poblaban lo que tal vez tiempo atrás fue una acera porque podrían aportar un toque innegablemente vintage y snob a cualquier lugar en el que los depositases - sólo los había visto en películas-. Me fijé en el chico guadiana que fruncía el ceño cuando fue en busca del refresco que se le había antojado al maestro peletero con una experiencia acumulada de diez días -que resultaron ser diez años-  y me fijé en su ceño fruncido una vez cumplida la encomienda y dos segundos antes de desaparecer de nuestras vidas para siempre. El sol también sudaba. Un hombre con más apareciencia de "gringo" de lo que se estila en esa zona de la ciudad venía a comprar cola a granel, interrumpía el trabajo del maestro peletero con las tapas de mis zapatos y vuestra conversación e iniciaba otra bien distinta en la que no se peleaban pese a que la cola que caía sobre el continente blanquecino era más densa de lo que el cliente deseaba. Los pesos justos y arreglado. Debieron pasar casi treinta minutos hasta que mis botas revivieron gracias al arte del amanuense, a los clavos, a la cola demasiado densa, a las tapas de  excelente factura estadounidense y a tu paciancia impaciente. Caminando siempre firme sobre mis renovadas suelas y orgullosa de tu mano proseguimos la travesía hacia la iglesia que hacía esquina con la peletería. Entramos asfixiados, tú con el jersey granate monacal sobre los hombros y yo con mis trencitas. Nos sentamos con las manos entrelazadas en el tercer banco y quise pensar que con los ojos cerrados pedimos lo mismo

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Sonetos

                 "... ¿No huye el corazón, Ágata, muchas veces de ti,

                         Lejos del negro océano de la ciudad inmunda,
                          Hacia otra donde estalla, súbito, el esplendor,
                          Azul, profundo, claro cual la virginidad?
                      ¿No huye el corazón, Ágata, muchas veces de ti?..."
                        Baudelaire, Charles, Moesta et Errabunda
No tengo paciencia para escribir sonetos ni probablemente talento para hacerlo. Talento. Lo he intentado. Lo intento varias veces a la semana cuando estoy sóla. Aunque todos estamos permanentemente sólos -de una forma u otra-... no lo intento cada día. Pienso que, tal vez,  el corsé de la métrica pueda asfixiar mis miedos, exorcizar mis demonios que se reproducen a ritmo de lepóridos. Me consumen...y no opongo resistencia. Hay quien encuentra placer en el poliedro de la autodestrucción. Poco a poco todo se ha diluído y quienes se han querido quedar en breve se irán. No tengo paciencia para escribir sonetos ni probablemente talento para hacerlo y la paciencia es finita. Si no se van me iré yo

viernes, 15 de octubre de 2010

Mujeres y Hombres y Viceversa ORO

Ayer vagueando en el sofá y frente al televisor decidí ingerir el veneno que nos proponía uno de los canales clónicos de Tele Cinco. Emma García era la conductora -ya me estaba frotando las manos- y dada su trayectoria errática tendente a deleznable ó deleznable tirando a ominosa... la cosa prometía. Se trataba de una versión de un programa  de estos sesudos que ella misma presenta a diario "Mujeres y Hombres y Viceversa". Un espacio en el que una caterva de jóvenes descerebrados (nadie sobrepasa los 27 pero aparentan tod@s 40) busca el "AMOR VERDADERO" ante las cámaras y a ritmo de discoteca entre un desfile descontrolado de feromonas, estrógenos, gimnasios, bótox, colágeno, sudor, silicona y extensiones capilares sintéticas. Que se presten a semajante babayada semejantes babayos en edad de merecer es natural. ¿Pero qué me dicen si quienes se someten a tamaña aberración son abuelillos de casi 80 años? Parece que en esta sociedad anestesiada ni nuestros mayores pueden mantener la cabeza sobre los hombros. El espectáculo era grotesco. Como una gran tómbola con banda sonora de verbena en la que el premio gordo no era otro que dehacerse de la soledad en público, de mala manera y por la puerta de atrás. Unos se repartían a unas y unas a unos. -Debe ser por eso por lo que en el título del programa incluyen la palabra"viceversa"- Cuando alguien daba calabazas a alguien, por ejemplo, Pablito a Carmencita, Carmencita decía: "No pasa nada porque a mi tampoco me gusta. Lo que pasa es que como somos del mismo pueblo...era por tener algo en común. Nada más. No era mi primera opción ya tenía yo fichado a otro. El que me gusta a mi es Zutandito". Pero, los designios del destino parecían ser siempre poco favorables a los ¿¿¿"concursantes"??? y Zutandito ya había sentido por lo menos siete flechazos en 15 minutos antes de terminar accediendo como si de un castigo se tratase a las pretensiones de Carmencita.  A Carmencita la habían reclamado ya Filomeno, Eustaquio, Abelendo, Sigfrido, Petrolino, Juventino y Ceferino... pero a todos había rechazado porque sólo se sentía atraída sexualmente y a sus setenta y tantos, por machos menos.. "maduros"... que ella. A todos menos a Juventino que honorando a su nombre y afligido por el mismo mal que corroía a Carmencita necesitaba mujeres núbiles y no vestas pero sí muy bastas como "La Ambrosia". Pero "La Ambrosia" nada que ver con "Ambrosía" era capitulo aparte. A Petrolino el huerto de calabazas que Carmencita le había plantado en un plis no le había importado en absoluto porque su primera opción  era Brigida, las más jóven de las zagalas. Brigida interrogaba en profundidad a Petrolino (que era físicamente un hombre muy poco agraciado con ademanes de esos que te hacen intuír certeramente que cuando cierran todos los desguaces del vecindario migra cual ave rapaz a las disotecas del extrarradio en busca de jovencitas distraídas y ebrias, para terminar a las 6 de la mañana jodido como cada sábado por haber terminado invirtiendo parte de la pensión en 7 minuticos de  amor mercenario). "Petrolino, ¿y a ti te gusta salir a bailar? Porque mira que si no... lo nuestro es imposible". A lo que Petrolino contestaba: "Por supuesto que me gusta el baile. Salgo 5 días a la semana". Brígida afirmaba con desdén mientras se atusaba los pelos (no puedo decir melena porque faltaría a la verdad): "Pues menos mal, porque cuando salgo sóla los hombres SE ME COMEN". Y ¡¡¡ZAS!!!Ahí  Emma con su dentadura alicatada hasta la encía cual Cupido con sus flechas, incrustando, lanzando y esquivando las sagitas del AMOR VERDADERO en sus corazones y en nuestras pantallas. Tal vez este Domingo, si no tengo ganas de trabajar, me concecte de nuevo a  Tele Cinco para contemplar desde la barrera, como convierten sin el más mínimo escrúpulo, la vida de estos pobrecillos en espectáculo. Como decía mi padre: "Oro, de lo que caga el moro".

viernes, 8 de octubre de 2010

La vida entre dos páginas

"I only know what I know

the passing years will show
you’ve kept my love
so young, so new (...)" TIME AFTER TIME

Tal vez sea mi último invierno. Pero he vivido muchos, muchos inviernos. El pulso falla, echar a andar cuesta demasiado y la memoria se ha convertido en una tirana caprichosa. No queda ya nadie por velar ni nadie que vele por mi. Cada día se hace más largo, el vacío más intenso y los espacios más amplios. Todo sobra. Ha pasado una vida, la mía. Y no he hecho grandes cosas.
Llevo una semana ojeando fotografías, algunas incluso más viejas que yo y, cerrando un álbum tras otro como si fueran los capítulos de un libro que nunca más volveré a abrir. En ellas aparecían mis padres el día en el que decidieron ser uno, los abuelos a los que nunca conocí, mi tía hippy practicando espeleología y  mi hermana con su melena rubia y generosa tumbada en una playa sonriendo con picardía a quién demonios estuviese reclamándola tras el objetivo. He visto manadas de pastores alemanes, a mis sobrinos recién nacidos, de adolescentes y con su prole, antiguas reuniones familiares en  "La Pizca", a mis primos jugando con mis juguetes el día de reyes, pasteles de cumpleaños propios y ajenos. Fiestas, muchas fiestas. También pude recordar cómo eran mis compañeras de colegio y de Universidad. He sido de nuevo testigo de sus bodas, de sus divorcios e incluso de alguna que otra aventurilla extramarital con las que endulzaban el tedio de sus vidas.
El último tomo contenía exclusivamente  fotografías de viajes y cartas de amor y desamor recibidas. Las más sonrrojantes, por cierto,  resultaron ser de mi autoría, las que nunca llegué a enviar. En ese momento no pude evitar pensar  por un instante que, tal vez, tanto desdén, se había erigido como la principal causa de mi soledad. Ya estaba a punto de concluir el tour en imágnes por las vivencias que el olvido tornó cálidas y ... apareció un marcapáginas. Uno que un día fueron seis cuando la piel no arrugaba. Lo extraje temblorosa de la funda que lo preservaba del tiempo. Lo olí, lo acerqué al pecho y lo besé como si haciéndolo volviese a mi lo que nunca pude tener y lloré. Con los los ojos más empañados que los cristales de las gafas, me levanté del salón como pude y a duras penas avancé  hasta un cuartucho polvoriento lleno de recuerdos, vinilos de Baker y pinceles resecos. Busqué una agenda tan vieja como yo y la encontré. Su número estaba borroso pero escrito con trazo firme, y con la firmeza del trazo decidí,  por primera vez... ser dómita y responder a la voz mi dueño... pero mi dueño nunca respondió. Era demasasiado tarde. No se si este va a ser mi último invierno pero desde luego será el más frío.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Albahaca fresca y tomates recién cortados

Desde que he regresado acostumbro a cerrar los ojos con compulsión. No los cierro para dormir sino para soñar con el aroma de la albahaca fresca y los tomates recién cortados. No se si fue lo mágico del emplazamiento o la magia entre los dos. Sólo se que me resistí a volver y, en cierto modo, aún no lo he hecho. Cada vez que los abro no puedo evitar sentir lástima de mi misma. Agonizo trescientos cincuenta días para poder inhalar aire sin respiración asistida durante quince. Consigo lanzar a un abismo tan profundo como caduco mi vida y construyo a velocidad de vértigo una ficción que me impongo real siendo perfectamente consciente y preferiblemente inconsciente de que todo ha sido desde el principio un sueño en tiempo de descuento. Pero... ¡qué dulce es soñar contigo y qué amargo no soñar junto a ti!

jueves, 13 de mayo de 2010

"El cuello más hermoso del mundo"

El cuello de la mujer es su talón de Aquiles. No dudéis en besarlo dulcemente para cambiar su  humor cambiante. No dudéis en exagerar su belleza porque siempre supondrá un halago para quien os escucha. Bien distinto será el resultado que obtendréis al alabar generosamente otras partes de la anatomía femenina, estaréis haciendo malabares sobre una delgada línea minada por infinitas susceptibilidades. Retirad el cabello, si por fortuna hay cabello que retirar.  Acercáos con sigilos y susurros para que los remilgos se conviertan en ronrroneos. Acariciadlo con la nariz y recorredlo con los labios sin premura y el verdugo se tornará en  víctima en un agónico y delicado proceso que culmina en estremecimiento.

"Pero"... toda regla tiene su excepción Sólo en una ocasión desee que alguien no dedicase loas a mi cuello. ¡Pobre de mi! El temido momento llegó y lo hizo en medio de la contienda amorosa. Mi cuello, dejó de ser "el cuello más hermoso del mundo" para convertirse en gaznate. Desde entonces adoro las estaciones que me permiten esconderlo con bufandas, pashminas o pañuelos.