"El perdón cae como lluvia suave desde el cielo a la tierra. Es dos veces bendito; bendice al que lo da y al que lo recibe". (William Shakespeare)
Algo me asfixia el estómago y acelera los latidos de mi corazón. Son la conciencia y la necesidad de perdón. No es algo extremadamente grave ni daña a alguien a quien tenga aprecio, tampoco creo que dañe a quien desprecio. A veces es difícil controlar los impulsos, a veces es aún más difícil controlar las palabras.
viernes, 18 de diciembre de 2009
jueves, 17 de diciembre de 2009
A casa por navidad
Acabo de sacar los billetes que me permitirán estar con vosotros como cada Navidad. Seguramente mamá me reñirá cuando lea esto porque le he dicho que ya los tenía desde ni se sabe. Sí, tengo casi treinta años. También me preguntará si voy en Supra o en autobús normal. (Mamá, me conoces, mi plan era desatender tus advertencias, que es mi deber como hija, e ir, contra tu voluntad, en Supra, pero, desafortunadamente, no había plazas ni de ida ni de vuelta). Mi madre asocia el autobús regular con la normalidad de carácter, es decir, con la ausencia de excentricidad. Eso, bella progenitora (no me gruñas), no depende de un billete. Y pretender que alguien como "la menda"(que nunca ha sido normal) lo sea ahora...en fin. Por contra, le resta importancia a mi dolor crónico de espalda, a la fobia que tengo a que un extraño me roce, o, simplemente... a la multitud que me horroriza. En fin, llegaré "de aquella manera". Llegaré y punto.
Retomamos la primera línea. Un año más a casa por Navidad . Cada año el peso se incrementa. Antes no era así, de hecho, no pesaba nada. Adoraba volver a mi hogar para celebrar tan señaladas fiestas en familia. "Hogar" y "en familia". Ahí radican las claves. "Hogar" ya no tengo, "familia", en honor a la verdad, sí, o "lo que queda de ella". Hay que ver hasta qué punto nuestras pulsiones más primarias pueden conducirnos a desunir los vínculos más fuertes. Y sin vínculos... ¿qué somos? Nada. Actores de una representación teatral malograda sin remedio. Pero, sigo volviendo. Y volveré una y otra vez, e intentaré, como cada año, que mi actuación vaya ganando calidad. Pero tengo que creerme el papel ¿Por qué ? Desde luego, no es por mi, pienso en los errores que cada uno de nosotros hemos cometido y en lo que les hemos arrebatado a los más pequeños de la casa y ellos, no se lo merecen. Probablemente nosotros, tampoco.
Hace mucho tiempo que mamá no se pasa la tarde del día 24 cocinando para un regimiento sopa de marisco, sopa de almendras, cordero, besugo, algún postre... de hecho ya no cocina. Ahora es el turno de mi hermana Margarita. Ella se lleva la peor parte, pone el escenario e intenta que sea lo más neutral posible, se esmera confeccionar el menú aunque no sepa como los que hacía mamá antaño, y a sabiendas de que cada año llevamos menos hambre.
En seis días volveré a casa por Navidad pese a que las Navidades no signifiquen lo mismo. Tal vez en seis días lo acepte e intente volver a enamorarme de ellas del único modo posible, empezando de cero.
Retomamos la primera línea. Un año más a casa por Navidad . Cada año el peso se incrementa. Antes no era así, de hecho, no pesaba nada. Adoraba volver a mi hogar para celebrar tan señaladas fiestas en familia. "Hogar" y "en familia". Ahí radican las claves. "Hogar" ya no tengo, "familia", en honor a la verdad, sí, o "lo que queda de ella". Hay que ver hasta qué punto nuestras pulsiones más primarias pueden conducirnos a desunir los vínculos más fuertes. Y sin vínculos... ¿qué somos? Nada. Actores de una representación teatral malograda sin remedio. Pero, sigo volviendo. Y volveré una y otra vez, e intentaré, como cada año, que mi actuación vaya ganando calidad. Pero tengo que creerme el papel ¿Por qué ? Desde luego, no es por mi, pienso en los errores que cada uno de nosotros hemos cometido y en lo que les hemos arrebatado a los más pequeños de la casa y ellos, no se lo merecen. Probablemente nosotros, tampoco.
Hace mucho tiempo que mamá no se pasa la tarde del día 24 cocinando para un regimiento sopa de marisco, sopa de almendras, cordero, besugo, algún postre... de hecho ya no cocina. Ahora es el turno de mi hermana Margarita. Ella se lleva la peor parte, pone el escenario e intenta que sea lo más neutral posible, se esmera confeccionar el menú aunque no sepa como los que hacía mamá antaño, y a sabiendas de que cada año llevamos menos hambre.
En seis días volveré a casa por Navidad pese a que las Navidades no signifiquen lo mismo. Tal vez en seis días lo acepte e intente volver a enamorarme de ellas del único modo posible, empezando de cero.
miércoles, 16 de diciembre de 2009
"HERMANNATOR"
Volverá en Enero recuperado ya de las lesiones que sufrió aproximadamente a las 6 de la mañana del pasado martes. Lo ha dicho en su editorial de "Diario de la Noche". Tras un incorrectísimo speech (eso desde un punto de vista progre) sólo me han quedado dos cosas claras: 1) que todo va mal porque Zapatero es presidente. BIP-BIP-BIP. Formulación errónea. Traducimos: Todo va mal porque nosotros, los españoles, hemos elegido libremente a semejante individuo para liderar el país y, consecuentemente, "de esos barros vienen estos lodos".
2)Que "Hemannnator" lee con tan poco brío el autocue desde una cama de hospital como desde un plató de televisión. Él, ahí, fiel así mismo pero vestido como un híbrido resultado de la mezcla de Hugh Hefner -Hef- con la "muñeca vestida de azul".
De los motivos reales de la posible "paliza" nada de nada.
Algunos medios han intentado vincular la agresión de Tertsch con la emisión de el video emitido por la Sexta en el programa de "El Gran Wyoming", "El Intermedio", en el que el ahora conductor de "Diario de la Noche " (ayer colaborador del diario "El País") aparecía como protagonista de un montaje que tomaba como punto de partida unas declaraciones relaes del periodista: «Les aseguro que si yo pudiera matar a 15 ó 20 miembros de Al-Qaida por liberar a nuestros tres compatriotas lo haría sin ninguna duda». Hasta aquí bien. Doblando su voz de forma torticera y haciendo alarde del mal gusto al que nos tienen acostumbrados añadieron los esbirros de Roures: «Les aseguro que si yo pudiera matar a 15 o 20 pacifistas que prefieren morir a matar (...) a 15 o 20 ministros por algo de dinero (...) a 15 o 20 menores, lo haría sin la menor duda». Execrable. Por eso mismo Hermann ha decidido escoger el camino más efectivo, "el buen camino", la vía judicial, para "cobrarse" semejante agravio. Es lo que tenía que hacer. No seré yo quien defienda a un individuo como Wyoming, pero, sinceramente si tras ver el sketch no te das cuenta de que es un montaje (ellos lo advierten), eres simplemente, subnormal. ¿Mal hecho? Sí. ¿Conducta censurable? Sí. ¿Perseguible judicialmente? Sí. Ahora establecer una relación de causalidad entre el video y la agresión me parece de una altura intelectual y moral tan abominable como el video en sí.
Los datos sobre el incidente son altamente morbosos y sospechosamente farragosos. Desde varios flancos le han intentado colgar al pobre Hermann, el Sambenito de mariquita, o más bien, de maricona, ¿Por qué? Pues porque el Pisuerga pasa por Valladolid y por la cercanía que separa la Calle Almirante del barrio sodomita por antonomasia de Madrid, Chueca. Puestos a ejecutar la práctica periodística más en boga en la actualidad: "Echar mierda"... barra libre a todo y de todo: Que si estaba borracho, que si estaba drogado, que si la combinación de las ambas, que de haber surgido alguna disputa se habría producido dentro del bar, que si sucedió sucedió fuera del antro tipo "desguace", que si hay denuncia, que si no la hay, que si tiene cuatro costillas rotas, que si un pulmón está encharcado -todavía le queda otro- que si se lesionó porque su equilibro estaba bastante menos fino que él y eso le llevó a colisionar contra un taburete del "Tony 2", que si fue fruto caprichoso del azar, que si fueron profesionales, que si se metió con un proxeneta acompañado de dos putas... dos putas o cuatrocientas. ¿Qué más da? ¿Patada o Puñetazo? ¿Trick or Threat?
El problema real sería mucho más grave en el caso de que "Hermannator" no haya sido cooperador necesario de su propio infortunio. De ser así, estaríamos hablando de algo tan antiguo y tan arraigado como la mala bestia del odio. Un odio incandescente, bipartidista y lleno de talante que sobrealimentan los partidos políticos de ambos lados como si estuviesen bendiciendo para que se vuelva todo obeso mórbido crónico . Eso sí debería ocupar titulares pero... no interesa. Lo que interesa es el BLA-BLA de que estamos en un país la hostia de democrático. Es tan, tan, tan democrático que incluso se puede llegar a agredir a un individuo por ejercer su derecho a pensar y expresarse en "libertad". Nos entrenan como si fuesemos "Pitbulls" blancos o negros para ver desde un gran palco cómo los hijos de una misma camada se desangran a mordiscos sin más motivos aparentes que el haber nacido con distintos colores. Hasta aquí hemos llegado pero... ¿Hasta dónde vamos a llegar? Joder, ya puestos, que extirpen como a un feto del Código Penal el agravante de fratricidio.
2)Que "Hemannnator" lee con tan poco brío el autocue desde una cama de hospital como desde un plató de televisión. Él, ahí, fiel así mismo pero vestido como un híbrido resultado de la mezcla de Hugh Hefner -Hef- con la "muñeca vestida de azul".
De los motivos reales de la posible "paliza" nada de nada.
Algunos medios han intentado vincular la agresión de Tertsch con la emisión de el video emitido por la Sexta en el programa de "El Gran Wyoming", "El Intermedio", en el que el ahora conductor de "Diario de la Noche " (ayer colaborador del diario "El País") aparecía como protagonista de un montaje que tomaba como punto de partida unas declaraciones relaes del periodista: «Les aseguro que si yo pudiera matar a 15 ó 20 miembros de Al-Qaida por liberar a nuestros tres compatriotas lo haría sin ninguna duda». Hasta aquí bien. Doblando su voz de forma torticera y haciendo alarde del mal gusto al que nos tienen acostumbrados añadieron los esbirros de Roures: «Les aseguro que si yo pudiera matar a 15 o 20 pacifistas que prefieren morir a matar (...) a 15 o 20 ministros por algo de dinero (...) a 15 o 20 menores, lo haría sin la menor duda». Execrable. Por eso mismo Hermann ha decidido escoger el camino más efectivo, "el buen camino", la vía judicial, para "cobrarse" semejante agravio. Es lo que tenía que hacer. No seré yo quien defienda a un individuo como Wyoming, pero, sinceramente si tras ver el sketch no te das cuenta de que es un montaje (ellos lo advierten), eres simplemente, subnormal. ¿Mal hecho? Sí. ¿Conducta censurable? Sí. ¿Perseguible judicialmente? Sí. Ahora establecer una relación de causalidad entre el video y la agresión me parece de una altura intelectual y moral tan abominable como el video en sí.
Los datos sobre el incidente son altamente morbosos y sospechosamente farragosos. Desde varios flancos le han intentado colgar al pobre Hermann, el Sambenito de mariquita, o más bien, de maricona, ¿Por qué? Pues porque el Pisuerga pasa por Valladolid y por la cercanía que separa la Calle Almirante del barrio sodomita por antonomasia de Madrid, Chueca. Puestos a ejecutar la práctica periodística más en boga en la actualidad: "Echar mierda"... barra libre a todo y de todo: Que si estaba borracho, que si estaba drogado, que si la combinación de las ambas, que de haber surgido alguna disputa se habría producido dentro del bar, que si sucedió sucedió fuera del antro tipo "desguace", que si hay denuncia, que si no la hay, que si tiene cuatro costillas rotas, que si un pulmón está encharcado -todavía le queda otro- que si se lesionó porque su equilibro estaba bastante menos fino que él y eso le llevó a colisionar contra un taburete del "Tony 2", que si fue fruto caprichoso del azar, que si fueron profesionales, que si se metió con un proxeneta acompañado de dos putas... dos putas o cuatrocientas. ¿Qué más da? ¿Patada o Puñetazo? ¿Trick or Threat?
El problema real sería mucho más grave en el caso de que "Hermannator" no haya sido cooperador necesario de su propio infortunio. De ser así, estaríamos hablando de algo tan antiguo y tan arraigado como la mala bestia del odio. Un odio incandescente, bipartidista y lleno de talante que sobrealimentan los partidos políticos de ambos lados como si estuviesen bendiciendo para que se vuelva todo obeso mórbido crónico . Eso sí debería ocupar titulares pero... no interesa. Lo que interesa es el BLA-BLA de que estamos en un país la hostia de democrático. Es tan, tan, tan democrático que incluso se puede llegar a agredir a un individuo por ejercer su derecho a pensar y expresarse en "libertad". Nos entrenan como si fuesemos "Pitbulls" blancos o negros para ver desde un gran palco cómo los hijos de una misma camada se desangran a mordiscos sin más motivos aparentes que el haber nacido con distintos colores. Hasta aquí hemos llegado pero... ¿Hasta dónde vamos a llegar? Joder, ya puestos, que extirpen como a un feto del Código Penal el agravante de fratricidio.
lunes, 14 de diciembre de 2009
Días como éste
Hoy me desperté a las 8.30 am. y decidí darle el día libre al despertador. ¿El trabajo? ¡Y a quién narices le importa! A mi, desde luego, no. Es lunes, estoy en Madrid con él a mi vera y fuera está nevando. Le miro. Está de perfil. Me pierdo durante horas en las líneas perfectamente dibujadas de su rostro. Se destapa. Le tapo para que no coja frío pero me encanta verle destapado. Me asomo a la ventana para ver el panorama exterior y al correr las cortinas deduzco que debe hacer mucho frío porque la gente va disfrazada de esquimal y camina desacompasada como si fuesen pingüinos. Él ha decidido mandar a su agenda a hacer puñetas para quedarse conmigo entre las sábanas. En días como este sólo quiero estar con él, y no abundan tanto. Hemos dormido, nos hemos amado y hemos vuelto a dormir. Hacia las once he hecho que recuperase energías con unas tostadas y un zumito de naranja natural. Normalmente nunca desayuna. Nos quedaremos en el sofá amarillo acurrucaditos y cubiertos por su mantita de cuadros. Me estará haciendo cosquillas durante horas, me dirá que me quiere y le responderé con el clásico: "yo a ti más". Veremos todas las pelis que podamos ver. Leeremos un buen rato, él algo que le guste, y yo , algo que le apeste. Adiós a las llamadas, adiós a los compromisos. Sólos los dos.
En días como este me hubiese encantado no tener que escribir lo que imagino desde mi ordenador en Castellana 36-38
En días como este me hubiese encantado no tener que escribir lo que imagino desde mi ordenador en Castellana 36-38
sábado, 12 de diciembre de 2009
Naranjas cada vez que te levantas
No pude evitar pensar en ella cuando leí estas líneas del buen Julio Rodriguez:
"Debería exprimir naranjas cada vez que te levantas.
Debería escribir tu nombre a cada paso,
amarrarme a tu espalda cuando inicias el vuelo...
...Debería dar gracias a Dios por cada leve acuerdo de tu tacto;
debería desgarrar el pan duro, amasar tus dilemas,
resolver ser feliz cada vez que regresas a la casa..."
"... Debería dejar que me dejaras sólo y que volaras
con alguien que te exprimiera, a los pies de tu cama,
naranjas cada vez que te levantas."
Hacía tiempo que había pasado los treinta pero parecía una niña. Su voz era aguda, dulce y melosa. Su pelo largo, castaño y abrupto. Tenía un cuerpecito coqueto y menudo, un producto extraordinario y delicado que parecía estar construído para rendir culto a lo sagrado. La estrechez de su cintura hacía que no pudieses dejar de pensar en lo extraordinariamente afortunado que sería quien tuviese el privilegio de aferrarse a ella como a la vida. Sus piernas eran nerviosas, pícaras e inquietas. Sus rodillitas huesudas y traviesas. Sus brazos estilizados, vivos, elegantes. Sus pechos discretos, coquetos e imperfectamente perfectos, como dos montañitas que contienen el mundo. Su sonrisa ancha, sincera y tan generosa como ella. Su nariz era graciosa, discreta y armoniosa. Si intentase describir sus ojos sería desde la arena de una cala salvaje, la visión de un atardecer en soledad con la luna esperando nerviosa muriéndose por iluminar un océano repleto de corales.
Sólo pude adorarla. La miraba embobada durante el tiempo que me regalaba, mientras leíamos en la piscina, mientras preparaba con esmero cafés que ni probaba, mientras eligía el vino adecuado para cualquier cena, cuando me enseñaba la última preciosidad que había adquirido o cuando sacrificaba su tiempo para escoltarme hasta el médico como guardiana de mi vida. -Esta vez todo va a ir bien- Siempre supe que no.
Si hubieses tenido el placer de conocerla jamás podríais haber imaginado que tras toda esa energía, ese júbilo y esa bondad se erigía alta y orgullosa una mujer a quien el pasado había herido de muerte en más de una ocasión. Parecía imposible pensar que dentro de algo tan pequeñito y divino existiese tanta hambre, tanto afán de superación, tanta fortaleza.
Recuerdo como se asustaba casi tanto como yo cuando le decía que si hubiese sido hombre me hubiese enamorado de ella sin remedio y habría disfrutado amándola con mayúsculas y con vocación de eternidad Le contaba mientras se reía con un tono cargado de incredulidad el placer que supondría colmar a mi princesa con todo lo que se le hubiese antojado. El privilegio que supondría entregar cada minuto a mimar a un ser tan bello por dentro y por fuera cada segundo de su existencia. Estoy segura de que llegará el día en que alguien tan especial como ella le ofrecezca las puntitas de los espárragos de la ensalada, y con un beso de película hará que flexione con toda su coquetería exhuberante una de sus rodillitas huesudas y traviesas y le dará "Naranjas cada vez que se levanta".
"Debería exprimir naranjas cada vez que te levantas.
Debería escribir tu nombre a cada paso,
amarrarme a tu espalda cuando inicias el vuelo...
...Debería dar gracias a Dios por cada leve acuerdo de tu tacto;
debería desgarrar el pan duro, amasar tus dilemas,
resolver ser feliz cada vez que regresas a la casa..."
"... Debería dejar que me dejaras sólo y que volaras
con alguien que te exprimiera, a los pies de tu cama,
naranjas cada vez que te levantas."
Hacía tiempo que había pasado los treinta pero parecía una niña. Su voz era aguda, dulce y melosa. Su pelo largo, castaño y abrupto. Tenía un cuerpecito coqueto y menudo, un producto extraordinario y delicado que parecía estar construído para rendir culto a lo sagrado. La estrechez de su cintura hacía que no pudieses dejar de pensar en lo extraordinariamente afortunado que sería quien tuviese el privilegio de aferrarse a ella como a la vida. Sus piernas eran nerviosas, pícaras e inquietas. Sus rodillitas huesudas y traviesas. Sus brazos estilizados, vivos, elegantes. Sus pechos discretos, coquetos e imperfectamente perfectos, como dos montañitas que contienen el mundo. Su sonrisa ancha, sincera y tan generosa como ella. Su nariz era graciosa, discreta y armoniosa. Si intentase describir sus ojos sería desde la arena de una cala salvaje, la visión de un atardecer en soledad con la luna esperando nerviosa muriéndose por iluminar un océano repleto de corales.
Sólo pude adorarla. La miraba embobada durante el tiempo que me regalaba, mientras leíamos en la piscina, mientras preparaba con esmero cafés que ni probaba, mientras eligía el vino adecuado para cualquier cena, cuando me enseñaba la última preciosidad que había adquirido o cuando sacrificaba su tiempo para escoltarme hasta el médico como guardiana de mi vida. -Esta vez todo va a ir bien- Siempre supe que no.
Si hubieses tenido el placer de conocerla jamás podríais haber imaginado que tras toda esa energía, ese júbilo y esa bondad se erigía alta y orgullosa una mujer a quien el pasado había herido de muerte en más de una ocasión. Parecía imposible pensar que dentro de algo tan pequeñito y divino existiese tanta hambre, tanto afán de superación, tanta fortaleza.
Recuerdo como se asustaba casi tanto como yo cuando le decía que si hubiese sido hombre me hubiese enamorado de ella sin remedio y habría disfrutado amándola con mayúsculas y con vocación de eternidad Le contaba mientras se reía con un tono cargado de incredulidad el placer que supondría colmar a mi princesa con todo lo que se le hubiese antojado. El privilegio que supondría entregar cada minuto a mimar a un ser tan bello por dentro y por fuera cada segundo de su existencia. Estoy segura de que llegará el día en que alguien tan especial como ella le ofrecezca las puntitas de los espárragos de la ensalada, y con un beso de película hará que flexione con toda su coquetería exhuberante una de sus rodillitas huesudas y traviesas y le dará "Naranjas cada vez que se levanta".
jueves, 10 de diciembre de 2009
Amicitia
Decía que me conocía. Que me llamaba: "mi rubita" cuando íbamos a primero. También tenía el sobrenombre de "Made in Spain", así me conocía, más bien, su novia. También decía más cosas como que yo le había parecido exhacervadamente altiva porque, al parecer, en una ocasión habíamos coincidido en una tienda de ropa muy conocida de la calle Princesa de Madrid en la que le había propinado una mirada directa y desdeñosa y ni tan siquiera me había dignado a saludarle. -Claro, estaba en lo cierto, no pude saludarle porque no sabía quién era- No me había fijado nunca en él pese a que juraba y perjuraba que compartíamos pasillo, humo, gritos y que su clase estaba ubicada justamente frente a la mía. Ahora, "a toro pasado", creo que tuvo que sentarle "a cuerno quemado" que yo, no reparase en alguien tan genuino como él.
Hace casi seis años fusionaron varias clases en una y, por primera vez, coincidimos. Coincidimos tanto que terminó sentandose justo detrás de mi en la fila de pupitres que ocupaban el centro del aula. Segundo de carrera. Él tenía un compañero de mesa extremadamente corpuleto a lo largo y a lo ancho -como buen jugador de rugby que era-, su pigmentación facial tendía a rojiza y estaba afectado por la dolencia de una timidez superlativa hacia el sexo femenino que le impedía emitir palabras pero no sonidos del tipo: "BRRRRLLL-BRRRLLL..."(Algunos lo denominarían como: toda una "bestia babeante de flujos"). Popy hablaba y su compañero asentía y le reía las gracias que, entonces para mí, no eran graciosas. Por ello se ganaron a pulso un mote cuya autoría asumo gustosa: José Luis Moreno y Macario.
Popy era un chico espigado, con el cabello ensortijado, de un rubio apagado y una melena intermedia y viva, tenía una mandíbula prominente y unas manos elegantes que jamás habían conocido los beneficios de una crema hidratante pero sí los de un piano o una guitarra -pese a ello doy fe de que eran suaves-. Vestía de negro riguroso y llevaba camisetas con unos dibujos horripilantes que corrrespondían a unos grupos de música imposibles de reconocer para alguien como yo obsesionada -como ahora- por los acordes y desacuerdos del jazz más tradicional. Siempre olía a limpio y nunca usaba conlonia. Su olor se debía una combinación atinada entre champú y suavizante. Siempre llegaba a las cuatro de la tarde con su melena húmeda y recién cepillada. -Lo sigue haciendo aunque ya no nos veamos a las cuatro de la tarde-
Al principio me resultaba, probablemente, tan poco interesante como yo a él. Al principio. Comenzamos a hablar dentro de un grupito del que no quedó nada excepto nosotros dos. Había que reconocer que el chaval tenía retranca, era incisivo e impertinente pero jamás insolente. Teníamos algo en común: detestabamos todo lo relacionado con "ese rollo de la amistad". Ambos habíamos sufrido traiciones de lo más hirientes en el pasado. Teníamos a orgullo ser unos chicos populares, escépticos y radicales sin darnos cuenta de que nos habíamos convertido en la pruba viviente de que, simplemente, encarnábamos aquello en lo que no queríamos creer. Eramos amigos. Día a día fuimos perdiendo nuestra individualidad en una nebulosa en la que resultaba imposible discernir quién era quién. Eramos "Popy y Mandy" o "Mandy y Popy". El heavy más duro que el viento y la pija más pija de Periodismo.
Ha llovido mucho desde aquel primer día en aquel aula de la facultad de Humanidades y Ciencias de la Información- tanto que ahora tiene el pelo por la cintura- y más que lloverá. Hemos cambiado, hemos crecido y hemos menguado pero lo hemos hecho siempre juntos aunque por separado. Él es mi medio "Orgullo Ibérico", mi estrella del Methal más metalero, el reportero más dicharachero de Barrio Sésamo, todo un monaguillo, un perfecto boy scout vende galletas, es mi Popito. Y yo...Yo soy, su "pequeño Pony", su "niña mala", su "abuelita Mandy" de la derecha más derechona y una "mega diosa" que siempre ha sido demasiado viejuna para ser considerada como objetivo.
El otro día estuve mirando y remirando unas fotos y un vídeo que su padre grabó bajo el título: "Gradución de Popy y Mandy" no pude dejar de llorar. -¡Y tantas otras que hemos vivido, y tantas otras que viviremos!-Y para mi, vivir es una palabra pequeña que en multitud de ocasiones él me ha hecho ver grande. Sólo puedo dar gracias porque somos unos melosos, apestosos e "infectos" que practican la "mugre" en una especie de tragicomedia adolescente a la americana de muy baja calidad y presupuesto inexistente en la que siempre fuimos somos y seremos amigos inseparables que ejercitan la "falacia" esa de la verdadera amistad.
Hace casi seis años fusionaron varias clases en una y, por primera vez, coincidimos. Coincidimos tanto que terminó sentandose justo detrás de mi en la fila de pupitres que ocupaban el centro del aula. Segundo de carrera. Él tenía un compañero de mesa extremadamente corpuleto a lo largo y a lo ancho -como buen jugador de rugby que era-, su pigmentación facial tendía a rojiza y estaba afectado por la dolencia de una timidez superlativa hacia el sexo femenino que le impedía emitir palabras pero no sonidos del tipo: "BRRRRLLL-BRRRLLL..."(Algunos lo denominarían como: toda una "bestia babeante de flujos"). Popy hablaba y su compañero asentía y le reía las gracias que, entonces para mí, no eran graciosas. Por ello se ganaron a pulso un mote cuya autoría asumo gustosa: José Luis Moreno y Macario.
Popy era un chico espigado, con el cabello ensortijado, de un rubio apagado y una melena intermedia y viva, tenía una mandíbula prominente y unas manos elegantes que jamás habían conocido los beneficios de una crema hidratante pero sí los de un piano o una guitarra -pese a ello doy fe de que eran suaves-. Vestía de negro riguroso y llevaba camisetas con unos dibujos horripilantes que corrrespondían a unos grupos de música imposibles de reconocer para alguien como yo obsesionada -como ahora- por los acordes y desacuerdos del jazz más tradicional. Siempre olía a limpio y nunca usaba conlonia. Su olor se debía una combinación atinada entre champú y suavizante. Siempre llegaba a las cuatro de la tarde con su melena húmeda y recién cepillada. -Lo sigue haciendo aunque ya no nos veamos a las cuatro de la tarde-
Al principio me resultaba, probablemente, tan poco interesante como yo a él. Al principio. Comenzamos a hablar dentro de un grupito del que no quedó nada excepto nosotros dos. Había que reconocer que el chaval tenía retranca, era incisivo e impertinente pero jamás insolente. Teníamos algo en común: detestabamos todo lo relacionado con "ese rollo de la amistad". Ambos habíamos sufrido traiciones de lo más hirientes en el pasado. Teníamos a orgullo ser unos chicos populares, escépticos y radicales sin darnos cuenta de que nos habíamos convertido en la pruba viviente de que, simplemente, encarnábamos aquello en lo que no queríamos creer. Eramos amigos. Día a día fuimos perdiendo nuestra individualidad en una nebulosa en la que resultaba imposible discernir quién era quién. Eramos "Popy y Mandy" o "Mandy y Popy". El heavy más duro que el viento y la pija más pija de Periodismo.
Ha llovido mucho desde aquel primer día en aquel aula de la facultad de Humanidades y Ciencias de la Información- tanto que ahora tiene el pelo por la cintura- y más que lloverá. Hemos cambiado, hemos crecido y hemos menguado pero lo hemos hecho siempre juntos aunque por separado. Él es mi medio "Orgullo Ibérico", mi estrella del Methal más metalero, el reportero más dicharachero de Barrio Sésamo, todo un monaguillo, un perfecto boy scout vende galletas, es mi Popito. Y yo...Yo soy, su "pequeño Pony", su "niña mala", su "abuelita Mandy" de la derecha más derechona y una "mega diosa" que siempre ha sido demasiado viejuna para ser considerada como objetivo.
El otro día estuve mirando y remirando unas fotos y un vídeo que su padre grabó bajo el título: "Gradución de Popy y Mandy" no pude dejar de llorar. -¡Y tantas otras que hemos vivido, y tantas otras que viviremos!-Y para mi, vivir es una palabra pequeña que en multitud de ocasiones él me ha hecho ver grande. Sólo puedo dar gracias porque somos unos melosos, apestosos e "infectos" que practican la "mugre" en una especie de tragicomedia adolescente a la americana de muy baja calidad y presupuesto inexistente en la que siempre fuimos somos y seremos amigos inseparables que ejercitan la "falacia" esa de la verdadera amistad.
miércoles, 9 de diciembre de 2009
Centena
"Soñé contigo esta noche: Te desfallecías de mil maneras
Y murmurabas tantas cosas..." (P.Verlaine)
A Carmen le bastaron cinco horas para reprocharle toda una vida a Mario. Acabo de pasar más de cien horas contigo y me muero por tener las horas necesarias para conformar una vida en la que el derecho de admisión impida la entrada a los reproches. Cien horas que son como cien vidas... y trescientos minutos desde que cerré la puerta con un te quiero en los labios.
Y murmurabas tantas cosas..." (P.Verlaine)
A Carmen le bastaron cinco horas para reprocharle toda una vida a Mario. Acabo de pasar más de cien horas contigo y me muero por tener las horas necesarias para conformar una vida en la que el derecho de admisión impida la entrada a los reproches. Cien horas que son como cien vidas... y trescientos minutos desde que cerré la puerta con un te quiero en los labios.
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